Siglo XX un siglo lanero

El crecimiento persistió en los comienzos del siglo XX y para ese entonces la lana ya se mostraba  entre los primeros rubros proveedores de divisas. Durante el período 1916 – 1920 las exportaciones de lana alcanzaron un promedio anual de 38,5 millones de pesos y representaron el 37% de total de divisas ingresadas en el país. Luego de este período de expansión y  proliferación de cruzamientos comenzó una nueva etapa dirigida a la mejora de la calidad de la lana y una mayor homogenización de la producción a nivel nacional. Fue a partir de 1935 que este proceso estuvo liderado por la Comisión Honoraria de Mejoramiento Ovino.

Se  compuso en consecuencia, un mejor posicionamiento de la  lana uruguaya en los mercados externos que permitió que en toda la década del 50 la lana generara más del 50% de las divisas ingresadas al país ante una inusual expansión de la demanda externa provocada por la Postguerra y la Guerra de Corea con subas espectaculares en los precios internacionales. 

No obstante fueron esos altos precios internacionales de la lana los que favorecieron las inversiones en la fabricación de fibras sintéticas alternativas,  estimulando un gran crecimiento de la producción de fibras artificiales y provocando desde fines de la década del 60 un profundo e irreversible cambio en la industria y el comercio textiles. El mercado de fibras ya no volvió a ser el mismo.  En este nuevo escenario -de mitad de la década del 70 y fines de los 80 con  mayores competencias para la fibra lana- se procesan tres cambios muy importantes que  permitieron mantener la competitividad de la misma: Relocalización del capital industrial de los países de industrialización avanzada hacia zonas de menores costos de producción – Ingreso de China al mercado mundial de textiles – Puesta en marcha por parte de Australia y luego Nueva Zelanda de un sistema de comercialización de lana con precios sostén que le otorgó estabilidad al precio internacional de la lana y que estuvo vigente hasta la crisis del sistema en 1991.

En el Uruguay estos cambios se vieron reflejados en la estructura y el aumento de las exportaciones de lana con mayor grado de industrialización  y una modificación de los destinos de esas exportaciones. De un perfil exportador de lana sucia en la década del 70 y 80 con Rusia, Checoslovaquia y Yugoslavia como principales compradores, el país pasó a tener un perfil de exportaciones de tops de lanas peinadas con China y Europa (Alemania, Italia y Reino Unido) como principales compradores. El siglo XX fue un siglo ovejero con un peso preponderante en la producción de lana. La población ovina se mantuvo siempre muy por encima de la bovina y llegó a más que triplicarla a comienzos de la década del 90. Los precios de la lana llegaron por largos períodos a estar seis veces por encima de los de la carne vacuna.

Finalmente en la década de los 90 se inició una sostenida liquidación en la población ovina del Uruguay. Fue una década de dificultades económicas derivadas de la caída del sistema económico de los países socialistas, la crisis del sistema australiano de precios sostén, la desaparición de las corporaciones laneras de Australia y Nueva Zelanda y la formación en Australia de un stock de lana de 4,6 millones de fardos que permaneció y  presionó a la baja los precios hasta comienzos del siglo XXI. Los precios internacionales de la lana cayeron. El negocio de la lana se redujo y la población mundial de ovinos cayó en forma sostenida. Uruguay no escapó a estos resultados y la década transcurrió con una reducción de 1,3 millones de cabezas anuales. El espacio dejado por el ovino comenzó a ser ocupado por otros rubros: la forestación, la agricultura sojera, la ganadería  bovina de carne y la lechería cubrieron los lugares dejados por la ovinocultura.


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